domingo, 31 de agosto de 2014

29-8-2014

Me resguardo en una caja. Me ahuyenta de sentir. Evita el brusco golpe de seguir y me aleja de inventarme una realidad mejor. Allí no llega la angustia, mucho menos la felicidad o tristeza. Estoy rodeada de pura inercia. 
Hoy no fue un buen día. Me levanté con un ataque respiratorio de nuevo. Últimamente se me dan muy seguido. Los detesto. Esta vez estaba durmiendo. Sentí que me ahogaba, que me robaban el poco aire que mis pulmones alcanzan a tomar para hacerme una broma, para ver mi dolor, como si alguien lo disfrutara, al igual que el juego que te hacen de niño de "aquí tengo tu nariz, no podrás respirar", pero mucho peor. Me sentí como en las peores situaciones de mi vida, cuando sentía que me faltaba el aire, que se me rompía el corazón mientras el mundo seguía su curso y yo intentaba volver a la vida a pesar de que sabía que mis intentos fracasarían. 
Mi madre me dejó quedarme esta mañana. No fui a estudiar. Últimamente no tengo ganas de ir, no tengo ganas de nada. Siempre la misma monotonía. Sentarte en tu pupitre, estudiar, fingir que te interesa lo que los profesores hablan, fingir sonrisas a todo el mundo, ser educada con todos, ser usada... Sí, ser el pañuelito de todos, ser la que ayuda a todos a subir sus promedios, sus ánimos, mientras tú te quedas estancada, o esperando el momento en que quieran usarte, en que te necesiten de nuevo y que vayas como perro en su ayuda.
Siento dolor, tristeza, angustia. No puedo seguir así. No quiero seguir así. No sé siquiera para que lo intento. Pongo toda la voluntad para estar bien y mi entorno en vez de ayudarme, lo único que hace es hundirme y tirarme mierda. 
Por eso vuelvo a lo que mi psicóloga me recomendó. Mi caja, mi refugio. Aquí dentro mis escudos pueden salir, y protejerme ya no sólo de mi misma, sino del entorno, de la espera de que vuelva a quedarme sin aire, de dejar que mis debilidades me dominen y no pueda hacer nada al respecto. Me siento mejor, segura, aliviada. 
No quiero pensar en más nada. Estoy cansada. Me acuesto en una esquina de mi caja, abrazo mis rodillas, cierro los ojos y me digo a mi misma que cuando vuelva a abrirlos será un nuevo día y las cosas serán diferentes.

¿Cuándo vas a dejar de engañarte?

No hay comentarios:

Publicar un comentario