Hay policías en las calles, y ángeles en las nubes, y jockeys que cabalgan vestidos de seda.
Mañanas abajo, noches arriba, en paralelo las tardes.
Hay perros lisiados en el este de Kansas City, vampiros en Eugene, Oregon, y largos paseos por un vaso de agua en las ciudades gemelas.
Tenía intención de escribirle a Angela, de veras que sí, y agradecérselo todo. Porque me gustaba sinceramente su manera de ponerse el chal en la escalera, y su infusión de hierbas, y las enredaderas verdes en su cuarto de baño, y la vista desde su dormitorio, y su colección de Vivaldi.
Pero no escribí.
Supongo que soy más cruel de lo que creo.
Charles Bukowski.
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