domingo, 19 de abril de 2015

Una nueva noche fría.

De nuevo vuelves a los vicios que una vez creíste haber abandonado. 
De nuevo te pierdes y sólo sigues a las voces que te hacen daño.
De nuevo dejas que te guíe la ansiedad, y vuelvas a esconderte en la oscuridad de tu pasado que hace eco en tu presente.
De nuevo buscas una salida para todo esto, pero te das cuenta de que no quieres ver salidas. Sólo te estás dando contra una pared constantemente.
De nuevo estás mirando hacia el vacío desde una terraza, con una altura tentadora y con vista a una ciudad apagada.
De nuevo la noche y la soledad te hacen compañía, y vuelven a ser tus aliadas.
Sientes que ya no sólo te congelas físicamente, sino que también internamente. Sientes como tu corazón se deshace en escarchas con forma de aguja y tu alma sólo trae una tormenta de nieve a tu interior, dejándolo todo helado y blanco, sin matices ni colores.

Tu respiración es entrecortada. Tu presión es baja. No sientes tu cuerpo. Estás llena de dolor. Te dejas caer, inconsciente, dejándole paso a esa Lucía que callas y atas todo el tiempo, a la misma que han disminuido y maltratado por años. Ahora la ves, débil, temiendo por todo, llorando, sufriendo, queriendo que el mundo pare, que tú pares. Cansada de ver y sentir tu propia destrucción, de tu propio desprecio por la vida, de que todo te chupe un huevo y no mires a tu alrededor. 
Sus heridas están abiertas, ahora son muchas más, y más profundas. Nadie sabe de ella, nadie puede hacer nada para salvarla porque te niegas a que lo hagan.

Te despiertas con una máscara de oxígeno.
Tu madre está sentada en el sofá de tu cuarto, esperando que tus ojos vuelvan a abrirse.
Lágrimas corren por sus mejillas, y sus ojos cansados por la falta de sueño gritan desesperación, angustia, pena, decepción...
"¿Qué estás haciendo con tu vida?"
De nuevo vuelves a estas preguntas. Tiene papeles en la mano. Tiemblas. Tu libertad está llegando a su fin.
No te puedes mover, ni articular palabra. Estás cansada aún. Sólo vuelves a cerrar los ojos cargados de lágrimas y de arrepentimiento.


Sola como un pájaro que vuela en la noche, libre de vos pero no de mi.
Vacía como el sueño de una gorra, 
Llena de nada, sin saber donde ir.
Dura como un muerto en su tumba 
Que murió de miedo por el valor de vivir.

No hay comentarios:

Publicar un comentario