Solía escribir porque me gustaba, porque lo creía una especie de descarga. Y lo era hasta que llegó una persona que le gustaba lo que hacía. Y le escribía a él.
Y ese alguien ahora no está, y ya no tiene sentido escribir.
Me senté en una plaza a fumar un día y un hombre, que me vio taciturna (mi estado natural últimamente), comenzó a darme charla. Me dijo que cuando se peleaba con su mujer intentaba seguir con su vida. Intentaba forzarse a comer, a levantarse y demás. Porque él tenía que seguir con su vida. Y es cierto. Debo hacerlo.
Y es así.
Escribir era algo que me gustaba. Debería recuperarlo, una nueva inspiración, una nueva motivación.
No lo sé. Últimamente no sé ni cómo seguir.
En cada despertar la incertidumbre amenaza,
dicen que todo pasa, pero... ¿Y si no pasa?
¿Si el camino elegido es un camino que fracasa?
¿Qué será de todo si no se puede volver a casa?
No hay comentarios:
Publicar un comentario