lunes, 6 de junio de 2016

Où t'es, Lucía, où t'es?

Son momentos.
A veces la pasión me desborda y otros que la tristeza me inunda.
A veces estoy eufórica y otros que la depresión me absorbe.
No estoy controlando nada; al menos no como antes. Antes era dueña de mis emociones. Hoy, pequeñas cosas ya me hacen saltar la térmica y termino lastimando todo lo que se me acerca.
No está bien, no estoy bien, e intento buscar fuerzas para levantarme, pero lo veo todo tan oscuro.
Probablemente esta sea la peor etapa depresiva que tuve. 
Y lo peor es que no tengo dónde apoyarme para poder sacar la cabeza y respirar. Ni siquiera puedo refugiarme en mi porque es todo tan frágil que si me apoyo un poco se va a romper.
Es mío y sólo mío. Y eso es lo más angustiante. Tener que volver a enfrentarme al espejo. Uno roto, donde el reflejo de mi imagen son pedazos de cristal intentando encajar, pero no hay pegamento para que se sostengan.
Debí haber aprovechado lo que la primavera me daba, pero me fié de que duraría mucho tiempo, y cuando llegó el temporal arrasó con todo. 
Necesito tener mi primavera propia.
Necesito controlarme.

Queda comprender que el miedo siempre aparece, 
dejando estupefacto a quien nunca se estremece. 
Y a pesar de la doctrina que la vida nos ofrece, 
suma una lágrima quien no se lo merece.

No hay comentarios:

Publicar un comentario